La ministra del Clima del Reino Unido, Katie White, afirma que la transición hacia energías limpias no se limita a una política ambiental, sino que representa una estrategia económica que asegura mayor independencia energética y reduce la dependencia del petróleo internacional, además de atraer miles de millones en inversiones privadas al sector verde. El modelo británico está siendo imitado en otras naciones, y sus funcionarios creen que América del Sur tiene un papel fundamental en el futuro.

En 2024, el Reino Unido clausuró su última central eléctrica de carbón. Actualmente, es el líder mundial en energía eólica marina flotante. Su economía verde crece a un ritmo tres veces superior al del resto del país. Además, el 64% de su población respalda el objetivo de alcanzar cero emisiones netas para 2050.

Estos datos no provienen de un informe de activistas ambientales. Son las cifras que Katie White, ministra del Clima británica, utiliza para argumentar por qué su nación considera que la transición energética es, sobre todo, una buena inversión.

Un camino que comenzó en 2008

La base del modelo británico se encuentra en la Ley de Cambio Climático de 2008, que White conoce a la perfección: antes de asumir su actual cargo, trabajó durante años en organizaciones ecologistas como Friends of the Earth y World Wildlife Fund, participando activamente en la campaña que promovió dicha legislación. Por su labor, fue distinguida con la Orden del Imperio Británico (OBE).

Dicha ley estableció compromisos climáticos obligatorios y dio origen al Comité de Cambio Climático, un ente independiente que asesora al gobierno y supervisa el progreso. Esta institucionalidad, que se ha mantenido durante casi dos décadas a pesar de los cambios de gobierno, es lo que White considera un factor diferenciador en el caso británico.

«Es fundamental considerar la trayectoria de las emisiones acumuladas a lo largo del tiempo, no solo un año específico«, aclaró la ministra, ya que el carbono permanece en la atmósfera por un siglo. El objetivo, sostiene, no debe depender de ciclos electorales.

El liderazgo en energía eólica marina no es por azar

Que el Reino Unido sea el pionero mundial en energía eólica marina flotante no se debe únicamente a su geografía favorable. Si bien cuenta con costas extensas y vientos propicios, también ha realizado inversiones continuas en esta tecnología durante décadas y ha implementado un marco regulatorio que otorga seguridad a los inversores privados.

Según White, este marco fue crucial para atraer capital internacional y desarrollar una industria local que hoy exporta conocimientos y tecnología. Países como Chile ya han adoptado la legislación climática británica de 2008, evidenciando que el modelo se extiende más allá de las fronteras europeas.

Asimismo, se está promoviendo el desarrollo de reactores nucleares modulares pequeños, liderados por empresas como Rolls-Royce, como complemento a las energías renovables para asegurar una matriz energética estable y descarbonizada.

La economía como motor del cambio

Lo más sorprendente del discurso de White no es su enfoque ambiental, sino su constante énfasis en los aspectos económicos.

Las empresas de tecnología verde en el Reino Unido captaron 13.500 millones de libras en inversiones privadas solo en 2024, el doble que en 2023. Desde 2021, el programa de financiación verde del gobierno ha recaudado más de 51.000 millones de libras de inversores privados para proyectos relacionados con la acción climática, la restauración de la naturaleza y el empleo sostenible.

El Comité de Cambio Climático ha estimado que alcanzar cero emisiones netas costará alrededor de 4.000 millones de libras anuales hasta 2050. Sin embargo, también advirtió que no tomar medidas podría resultar en pérdidas de entre el 4% y el 10% del PIB si el calentamiento global alcanza los 4°C para finales de siglo.

La conclusión de White es clara: tras la invasión rusa a Ucrania en 2022, que disparó los precios de los combustibles fósiles y elevó las facturas de energía un 60% en el Reino Unido, se evidenció cuán costosa es la dependencia de los mercados internacionales de petróleo y gas. En contraste, la transición energética implicaría un aumento de apenas el 4% en las facturas promedio de los hogares. «El Reino Unido es un tomador de precios en el mercado de combustibles fósiles», afirmó la ministra. Apostar por las energías renovables es, en este contexto, una cuestión de soberanía además de un asunto climático.

La City de Londres, un actor fundamental

Un aspecto que frecuentemente se omite en el debate sobre el clima es el papel del sector financiero. White lo coloca en el centro de la discusión: la City de Londres está desarrollando herramientas específicas para ayudar a las empresas a transitar hacia modelos sostenibles, gestionar riesgos climáticos en sus carteras de inversión y medir resultados de manera verificable.

Los riesgos físicos asociados al cambio climático ya están impactando en el sistema financiero: eventos climáticos extremos encarecen las pólizas de seguro, alteran el valor de los activos y modifican las decisiones crediticias. Para White, esto significa que el sector financiero tiene incentivos propios para acelerar la transición, más allá de cualquier mandato regulatorio.

El objetivo para 2050 y los desafíos por delante

El Comité de Cambio Climático publicó a principios de 2025 un informe que concluye que alcanzar el objetivo de cero emisiones netas para 2050 es factible, pero con una condición: que el gobierno mantenga el rumbo. Hasta ahora, el avance se ha respaldado en el crecimiento de la energía eólica, el cierre de las plantas de carbón, la adopción de bombas de calor y el aumento de vehículos eléctricos.

White reconoce que hay un desafío comunicacional importante. «Alcanzar cero emisiones netas es beneficioso para la economía británica, para la seguridad del país y para el clima, y debemos volver a enfatizarlo», comentó. Además, advirtió sobre las consecuencias de la incertidumbre política: cuando los partidos opositores amenazan con revertir compromisos climáticos, el capital tiende a desviarse hacia otros lugares. La estabilidad regulatoria, insiste, no es un detalle menor. Es la base de todo lo demás.

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